dear old stockolm.
Puh
Un día encuentras reposo, un día encuentras un oasis en tu desierto, te aferras a ella, te aferras a otro sueño, empero sabes que es una efímera delusión, o al menos esperas que sea así. Porque es lo mejor, porque es a lo que viniste. A disfrutar del sueño.
Un día encuentras que tus dedos se caen, un día descubres que el control es algo que los psicólogos buscan. Pues eso, el control. Y se te va, se te quiebra y vuelves a la realidad, donde mueres y te matan. Y te encuentras muerto de ya, por el miedo a la muerte. Pues sí, la vida sin razón, sin sazón y el temor a la muerte. (Pero aún tienes tu sueño)
Un día te encuentras desnudo, un día descubres que es tan gracioso aspirar a la verdad, que lo real es tan Lacano y puteas porque él y Kant conspiran contra ti, un día descubres que no-vale-la-pena, que tu tan preciado sentido de la vista no es más que la broma cerebral que no discute con tus poros. Te sacia, te saciaba.
Un día ya no es un día y te revienta (en realidad no) el hecho de que la música es lo único que borra ese sonido que hace ‘tric’ en tu cabeza, que el silencio es lo que se busca en el sonido, que tanto englutir conocimiento te hace un nigromante y uno del azar.
Y te sientes hijo de la Maga, admiras a Oliverio, y al otro de apellido Girondo, te encuentras hablando como panda y te basta. Te sacia.
Porque ya no buscas algo que te falta, sino algo que te sobra.
Porque ya no te infundes de sueños, te quiebras los ojos para crearte el propio, en donde el señor Freud y el señor Rodrigo no tienen mucho que hacer.
Te mueves reactivo a algo fuera tuyo, y te ríes, porque no es el destino, ni el querer entusiasta de un ente, simplemente son los botines de montaña que ahora usás todos los dias.
Porque ya no eres hijo de la Maga, simplemente hablas panda, como ella y te basta, te basta muchísimo.